El comisario Kostas Jaritos gruñe intentando arrancar el supermirafiori seminuevo que debería llevarlo al aeropuerto. Petros Márkaris, el escritor que inventó su biografía y circunstancia observa su agobio desde un café. Calcula la ruta más práctica sin perder de vista el contexto; julio, viernes, hora punta, Atenas. Decide que Jaritos, su personaje más célebre, pedirá un taxi, única posibilidad de llegar a tiempo para coger el vuelo a Barcelona. El escritor, sin perder el distanciamiento, viajará unos asientos más atrás en el mismo avión. Jaritos estuvo a punto de llegar a la lucha grecorromana con Adrianí, su mujer, empeñada en acompañarlo al viaje oficial que retrasa la promesa de ir a Patmos, la isla donde empieza el apocalipsis en el nuevo testamento. En una gruta de Patmos se la meneaba San Ju...