Manuel Vázquez Montalbán, Manolo para sus amigas y amigos, murió hace veintidós años en un aeropuerto del lejano oriente. No le dieron el Nobel, un premio lleno de hegemonía, blanquitud y anticomunismo, ni el Cervantes, esa unidad de destino entre la hispanidad y la españología. Su premio fue una vida ejemplar, una obra excelente y un público que lo echa de menos. El tiempo pasa, sí. La educación sentimental cambia como las memorias y los deseos. La deuda que tenemos sus lectores con él es impagable. Siempre irónico, poco amigo de las grandes palabras, no estaría cómodo con los elogios. Alguien tenía que decirlo: MVM fue el intelectual más valioso para las clases populares del siglo veinte. Decía MVM que un intelectual es aquel que se dedica a pensar y ponerlo por escrito. Pensó y escribió a una escala descomunal. Trabajo, trabajo, trabajo; ni un día sin escribir y pensar. La gratitud, y una cierta orfandad, es lo que nos queda a los supervivientes. La juventud que lea a Montalbán...
Nada quedó de abril (I) En tiempos del rey Peret I, entre el Tibidabo, el mar, el Besós y el Llobregat, el güiro del Gato Pérez, poeta de la fiesta y el sabor, marcó la clave de Barcelona. Tonia recupera para la ocasión un verso intemporal de aquella panda sonora. “A las tres de la mañana nadie cree ni una palabra”. En el más allá, Badalona, a las cinco y sin verbena, ni media. Tonia se estira y bosteza con los ojos irritados mientras el Bambi, llegado esa misma tarde desde Madrid, secretario general del sindicato, aburre al comité de delegados y a unos pocos militantes. No presta atención. El Bambi es un millonario disfrazado de anarquista. Tonia deja pasar las últimas cajas de pizzas frías esperando la ocasión más discreta para salir del local lleno de humo y certezas. Su trabajo ha terminado. Sin despedirse gana la calle, el frío, el parque Nelson Mandela. Arranca, sumándose a medio gas al tráfico escaso y atraviesa hacia el sur, en par...
Peliculón.
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